Tenemos que nutrir al suelo, no solo al cultivo

SUELO | 06.07.2017
José Stevenson

Cuando las primeras grandes civilizaciones comenzaron a cultivar el suelo, 5000 AC, se produjo un fuerte proceso erosivo. Babilonios, fenicios y otros pueblos no advirtieron los efectos erosivos de la lluvia sobre sus suelos ondulados y desnudos como consecuencia del desmonte de los bosques y la desaparición de las praderas naturales. Así se originaron las primeras grandes áreas erosionadas.

En América con la llegada de los primeros colonos se inició la agricultura extensiva, no obstante, su efecto también se hizo sentir, y cuando los suelos dejaban de producir, los colonos cambiaban de lugar, agricultura trashumante hasta hoy realizada en nuestra provincia. Pero hay lugares donde esto ya no es posible y se acrecentó con la competencia por las tierras.

En muchos países advirtieron el problema y comenzaron a aplicar prácticas que permitieron cultivar el suelo sin erosionarlo. En EEUU, alrededor del año 1900, Hugh Hammond Bennet, científico pionero en la lucha contra la erosión, comenzó a publicar sus trabajos. Es por ello que en memoria de su desaparición física se instituyó el día 7 de Julio como el Día de la Conservación del Suelo.

Nuestro país adhirió a este homenaje desde el año 1963, con un decreto del entonces Presidente de la Nación, Dr. Arturo Ilia, en el que considera que «el suelo agrícola configura el soporte más sólido de la economía argentina, así como de su expansión futura y que, consecuentemente, la conservación de nuestro recurso natural básico es imprescindible para garantizar el bienestar de todos los habitantes de la nación».

La responsabilidad de su cuidado

En la actualidad, el concepto de conservación está basado en un profundo conocimiento del proceso erosivo, ya sea de la erosión hídrica o de la eólica.

Estudios realizados por el Instituto de Suelos del INTA Castelar en la región pampeana, muestran que un suelo con erosión severa, pierde por hectárea y por año alrededor de 1,5 centímetros de su capa arable, lo cual representa unas 30 toneladas de suelo, 60 toneladas de materia orgánica y 30 kilogramos de Fósforo. En las últimas dos décadas los niveles de materia orgánica de los suelos disminuyeron progresivamente, pasando de un 3,2 por ciento promedio en rotación agrícola-ganadera al 2,7 por ciento en suelos sometidos a agricultura continua convencional.

Hoy la Siembra Directa (S.D.) tiene incidencia positiva sobre la conservación del suelo reduciendo genéricamente la erosión en un 80%, ya que el rastrojo en superficie impide el golpe directo de la lluvia, disminuye el escurrimiento y favorece la infiltración y conservación de la humedad. La no remoción del suelo facilita la recuperación física y biológica del mismo con beneficios importantes para el medio ambiente, temática que los economistas han comenzado a tener en cuenta afectándoles un valor monetario a los recursos naturales.

Siete puntos para recordar:

1. Una cucharada de suelo contiene más microorganismos que toda la población de la Tierra

2. Los actinomycetes que se encuentran en el suelo le dan cuando está recién labrado ese característico aroma fresco.

3. El peso total de los organismos vivientes en los primeros 15 cm del suelo en 1 ha es de 5000 a 20.000 kg.

4. La cantidad de lombrices en el suelo va desde 0 a cientos de miles. En condiciones apropiadas, éstas pueden producir 800.000 pequeños canales por ha. que conducen agua a través del suelo después de un chaparrón. También mueven por año de 1 a 1000 toneladas de suelo/ha.

5. Una cucharadita de suelo contiene más de 50 millones de bacterias

6. En nuestro país pueden encontrarse más de 5000 series diferentes de suelo.

7. Virtualmente toda el agua fresca que cae sobre el suelo viaja sobre él, a través de él, se evapora desde él, se almacena en él o interactúa con él conduciendo muchos elementos químicos y participando en los procesos biológicos.

La potencialidad en la utilización de desechos orgánicos derivado de los residuos sólidos orgánicos, como fuente de fertilizantes orgánico-minerales, es hoy para nosotros el desafío que debemos afrontar para no solo palear la deficiencia nutricional de una planta como estamos acostumbrados a plantear las diferentes actividades agropecuarias, el único camino a seguir disminuyendo el impacto ambiental que generamos es NUTRIR EL SUELO, no solo a los cultivos.

*Ingeniero Agrónomo. Asesor técnico